Entrevistas, Literatura, Sociedad — 01/08/2017

Diego Sánchez de la Cruz: «La libertad política y económica tienen raíces españolas»

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Con 29 años Diego Sánchez de la Cruz (Santiago de Compostela, 1988) es analista económico y político en prensa, radio y televisión, y profesor asociado en la IE University. Nos encontramos con él minutos después de su llegada a León. Se descubre como una persona vehemente, ágil y firme a la hora de defender sus principios e ideales. Gran parte de ellos están recogidos en su último libro, motivo de su visita a la ciudad. Las asociaciones Students for Liberty y El Club de los Viernes León organizan la presentación de ‘Por qué soy liberal. O por qué el liberalismo es la mejor forma de garantizar el progreso de todos los ciudadanos’ (2016). Nuestro trabajo en este caso está claro. Todo pasa por encender la grabadora y laissez faire…

Diego Sánchez de la Cruz Leotopía

En tu gira de presentación del libro acabas de llegar de Santiago de Compostela y mañana mismo te vas al Instituto Juan de Mariana. Dos enclaves importantes en tu desarrollo como persona y profesional.

Sí, porque soy natural de Santiago y siempre es bonito ser profeta en tu propia tierra. Y en Madrid ya se hizo una primera presentación en la Fundación Rafael del Pino y se desbordó por completo la sala. Creo que esto demuestra que hay mucha gente que comparte este mensaje, que quería escucharlo y saber más sobre él. Es una alegría. Cuando dedicas tanto tiempo y esfuerzo a sacar adelante un trabajo complejo como es un libro, que tenga buena recepción y poder patearte España como la Pantoja presentándolo… es bonito y gratificante.

¿Cómo fue el proceso de descubrimiento que te llevó a adoptar el liberalismo o la filosofía de libertad?

Ante todo es un proceso de estudio centrado en el campo económico, que siempre me ha resultado interesante. Me muevo sobre todo en torno al interés de la mejora de los problemas más comunes. Me preocupa el empleo, la falta de crecimiento, la falta de oportunidades, la situación de los jóvenes o las causas de la pobreza. Me interesa también la evolución de la historia, el mundo emergente, la globalización… A base de un estudio comparado de países, de distintos períodos históricos sobre estos temas, terminas llegando a una serie de conclusiones que te permiten asumir este tipo de ideas y escribir un libro así.

Son ideas, por otro lado, muy de sentido común, compartidas por millones de españoles, pero etiquetadas de manera interesada como si fuesen elitistas, o como si obedeciesen a algún tipo de agenda oculta. Por eso, por ejemplo, se usa la palabra neoliberalismo en vez de llamarlo lo que es, liberalismo de toda la vida, no necesita ningún prefijo. O se intenta asociar a términos alarmistas, como cuando se habla de liberalismo salvaje o liberalismo radical…cuando en realidad creo que es la ideología moderada, la de las clases medias y la de la sociedad burguesa, que lo que quiere es trabajo, oportunidades, retener una parte razonablemente grande de su sueldo (que no se le pierda todo en impuestos) y vivir en una sociedad abierta en la que sea el mercado el que lleve la voz cantante y no el Estado, y en el que las prohibiciones sean la excepción y no la norma.

Diego Sánchez de la Cruz Leotopía

En tu libro planteas como un precedente histórico de las ideas liberales las Cortes de León de 1188…

Sí. Me parece muy importante reivindicar las raíces españolas de la libertad política y económica. Creo que las Cortes de León son unas grandes desconocidas, quizá no para los leoneses, pero sí para buena parte de los españoles. Sientan un precedente en la división de poderes que luego desarrolla, por ejemplo, Montesquieu con mucha más profundidad. De la misma forma que algunos siglos después en Castilla y León es la Escuela de Salamanca la que sienta las bases de la economía de mercado, que luego desarrollan también Adam Smith y por supuesto la Escuela Austríaca o la Escuela de Chicago.

¿Sabes que antes de las Cortes en León se decretó el Fuero (del que por cierto este año celebramos 1000 años) que destaca la importancia de la propiedad privada?

Sí, de hecho el respeto a la propiedad privada es uno de los pilares en los que descansa la economía de mercado. En el libro se incluye una gráfica que demuestra cómo ha crecido el reconocimiento constitucional del derecho a la propiedad a lo largo del tiempo. Creo que es una de las explicaciones del progreso que hemos vivido.

La clave está en que la gente pueda retener los frutos de su trabajo, no vea violada su propiedad y, sobre todo, en que los frutos de una economía creada en libertad no queden a expensas de una minoría privilegiada (las castas políticas de toda la vida, las de hoy o las de antaño), sino al servicio de la sociedad, de las clases medias, de las clases burguesas, de la gente que trabaja, de las clases humildes que salen adelante… El reconocimiento institucional de los derechos de propiedad es la mejor ayuda que le puedes dar al individuo. Y en concreto, en la lucha contra la pobreza es uno de los principales pilares para el desarrollo, porque el gran drama que tienen los pobres del mundo hoy en día es que sus propiedades no están registradas, no están reconocidas y no están seguras, y eso les condena a un círculo de informalidad que se ve mucho en América Latina, en África y que les deja fuera de la economía oficial.

¿Los liberales también hablan de castas políticas?

Realmente los únicos que tenemos el derecho a arrogarnos el discurso de lo que constituye o no una casta somos quienes durante siglos hemos defendido que el centro de la acción política tiene que ser el individuo y no el politburó. Un comunista, un socialista o un conservador aspira a que existan determinados principios rectores de la sociedad y determinados grupos privilegiados por encima del resto. Sobre todo es un discurso dominante entre los mismos comunistas que hoy en día quieren hablar de castas. Hablan de castas porque no les gustan estas castas, pero aspiran a ser ellos la nueva casta. Sin embargo nosotros a lo que intentamos aspirar es a que el centro de la acción política y económica sea el individuo, el sector privado, la familia, la empresa… y nunca un grupo privilegiado por el motivo que sea y que se constituye a menudo en una élite extractiva que perjudica al resto para consolidar su poder.

Los únicos que tenemos el derecho a arrogarnos el discurso de lo que constituye o no una casta somos quienes durante siglos hemos defendido que el centro de la acción política tiene que ser el individuo y no el politburó. Un comunista, un socialista o un conservador aspira a que existan determinados principios rectores de la sociedad y determinados grupos privilegiados por encima del resto

Milton Friedman decía que «hay muchas variantes del liberalismo». ¿Con cuál te sientes más cómodo o identificado?

En general no me gustan las etiquetas y la palabra liberalismo me parece suficiente para definirlo. El liberalismo al que aspiramos no es nada que nos resulte exótico o ajeno. España ha pasado de ser una dictadura política a ser una democracia liberal en la que hay división de poderes perfectible y mejorable, pero hay división de poderes y hay economía de mercado, perfectible y mejorable, pero es una economía de mercado.

A lo que aspiramos es a que con estos mimbres que tenemos, que nos han hecho vivir cincuenta años de progreso de la mano de una serie de reformas de apertura política y económica, podamos llegar a una segunda transición apoyada en el fortalecimiento de las instituciones y de la democracia liberal por un lado, y de la economía de mercado y del capitalismo por el otro. Eso se consigue por la vía del pragmatismo (sin exotismos de ningún tipo y con los pies en la tierra) y de la reforma, pero nunca de la revolución o del rupturismo.

Según Alain De Benoist, el liberalismo económico (a la derecha) y el liberalismo cultural y social (a la izquierda) están destinados a coincidir.

Creo que por parte de la derecha el discurso de la libertad económica no está del todo asentado. En esta misma legislatura hemos visto que el mismo gobierno que aprobaba una muy importante reforma liberal del mercado de trabajo, adoptaba una nada liberal reforma de los impuestos con numerosas subidas en IRPF, IVA, sociedades…Y el por el lado de la izquierda vemos cómo poco a poco el discurso de las libertades y de la tolerancia social pasa a convertirse en el discurso de la imposición de una serie de agendas minoritarias sobre el resto y en la discriminación entre lo que a nuestros paladines progresistas les parece aceptable o no. Lo que debe prohibirse, lo que no, lo que debe regularse, lo que no, las opiniones que son admisibles, las que no… y lo que han hecho es caer en una caricatura de cualquier principio de libertad social.

Por eso creo que seguimos siendo el mejor vehículo para entender una sociedad moderna. Porque una sociedad moderna sin respeto al individuo y tolerancia social y una economía moderna sin apertura económica y flexibilidad no va a ninguna parte. Creo que ni en derecha ni izquierda se han terminado de asentar estos conceptos lo suficiente.

Diego Sánchez de la Cruz Leotopía

En el prólogo del libro Carlos Rodríguez Braun dice: «Hemos sido reiteradamente aleccionados sobre los inacabables males que una supuestamente excesiva libertad ha descargado sobre nosotros». ¿Puede existir la excesiva libertad?

Me gustaría que llegásemos al punto de tener que plantearnos esa pregunta. Lo que constatamos a diario es que se publican miles de leyes todos los años, que la tensión para subirnos los impuestos está en boca de uno u otro partido, que siempre hay un discurso bien pensante que nos quiere regular una u otra conducta. Entonces… ¡bendita pregunta! Me encantaría llegar a poder hacérmela algún día pero creo que, aunque hemos avanzado mucho, aún queda tiempo para que lleguemos a ese punto.

En el libro propongo que Holanda, Reino Unido, Dinamarca, Países Bajos, Alemania o Suecia son algunas de las economías más abiertas del mundo de acuerdo a diferentes criterios (la calidad de sus instituciones, el diseño de sus sistemas fiscales, de sus acuerdos comerciales con el resto del mundo…). Todos ellos tienen más libertad que nosotros y tienen resultados ligeramente superiores o bastante superiores incluso en algunos casos que España. Nuestro propio país es un ejemplo de que con más libertad nos ha ido mejor, porque la España de hoy es más rica que la de hace 50 años y tiene más libertad política y económica que hace 50 años. No le deberíamos tener miedo a la libertad, sino a la falta de libertad.

El liberal ¿es optimista por naturaleza?

Debería serlo, porque en general cuando se confía en la gente y se vuelca el desarrollo de la economía y de la sociedad por el lado de las decisiones libres y voluntarias, los resultados tienden a ser buenos. Otra cosa es que estas ideas no han sido ensayadas durante buena parte de la historia. En realidad esto de tolerar la propiedad privada, el hecho de que cualquier hijo de vecino pueda tener un comercio o una empresa, que cualquier persona pueda optar a unas elecciones, que una mujer pueda votar o que tenga los mismos derechos que un hombre son ideas nuevas. No son ideas antiguas, son modernas. Las viejas son la autarquía, el mercantilismo o los regímenes políticos totalitarios. En perspectiva histórica hemos tenido miles de años de organizaciones políticas y económicas cerradas y alrededor de 200 años de creciente libertad política y económica. Creo que hemos ido a mejor, así que pienso que se puede ser optimista en este sentido.

Pero esto no significa que el desarrollo de la historia esté escrito. El siglo XX llega después de un período de mucho progreso. El siglo XIX supone un antes y un después en la historia porque permite constatar que por la vía del mercado los países pueden crecer y salir de la pobreza. Y justo cuando más alta había sido la apertura comercial y la tolerancia social surgen fuerzas reaccionarias en distintos países europeos que nos acaban llevando primero a una 1º Guerra Mundial y después a una 2º Guerra Mundial. Así que no puede ser un optimismo ciego, no podemos pensar que el fin de la historia está escrito. Estamos viendo el auge de muchos populismos que amenazan de manera directa y real nuestros sistemas de sociedad y de economía abierta.

Siguiendo en esta línea optimista señalas incluso las cosas que hemos hecho bien para salir de la Gran Recesión. ¿Alguna palabra buena sobre la labor de José Luís Rodríguez Zapatero?

Uno de los muchos problemas de Zapatero era la fe ciega en que las cosas se arreglan. Las cosas se arreglan si hay motivos para que se arreglen. En su caso, es el causante directo de que España tuviese cuatro años de destrucción de empleo. Es responsable directo de que dos millones de españoles perdiesen sus puestos de trabajo, porque ese es el número de españoles que lo hubiera mantenido con unas leyes flexibles en el mercado de trabajo, tal y como demuestro en el libro. Ha salido muy caro. Hay dos millones de personas que directamente pueden culpar a su tozudez en el ámbito laboral de haber sufrido la lacra del desempleo. Sin embargo incluso con un gobernante que dejó un bagaje muy irresponsable hay aspectos positivos. En esos años nefastos de gobierno socialista sí se aprobó una reforma de la Constitución (la reforma del 135) que va en muy buena dirección, porque es un primer paso para ponerle freno a las políticas manirrotas de nuestros gobernantes.

Diego Sánchez de la Cruz Leotopía

En tu libro también apuntas el peligro de tomar el término de igualdad como sinónimo de progreso o bienestar y te haces eco de las palabras de Anthony De Jasay: «los políticos están convirtiendo el igualitarismo en la nueva religión de los Estados europeos».

Me preocupa mucho que en el discurso político se intente asociar continuamente, sobre todo por parte de la izquierda, el hecho de que haya una mayor igualdad con el que haya un mayor progreso o una mayor desigualdad con que haya un menor progreso. Hay países muy igualitarios que son tremendamente pobres y hay países muy desiguales en los que todos son mucho más prósperos que en España. Lo que nos tiene que importar es la pobreza, que es lo que mata a la gente. Yo no conozco a nadie que se haya muerto de desigualdad, pero sí conozco a mucha gente que se ha muerto por pobreza, por falta de acceso a cuidados sanitarios y a medicinas, por falta de riqueza económica…

En España la desigualdad sí ha aumentado durante la crisis, pero no ha subido porque los ricos sean más ricos, ha subido porque ha habido millones de personas que han perdido su trabajo. En la medida en la que reduzcas el paro, reducirás la desigualdad. De hecho, la desigualdad sube, sube y sube con Zapatero y empieza a estancarse con Rajoy precisamente porque se vuelve a crear empleo. El igualitarismo se ha convertido en la religión de todos los partidos de izquierda. Incluso hay quien en la derecha asume ese discurso, probablemente por los complejos que arrastra la derecha en nuestro país.

Lo importante es que en el mundo ahora mismo están saliendo 140.000 personas de la pobreza cada día. Países de todos los continentes se incorporan poco a poco al juego de la economía global y provocan tensiones en la economía conforme nos vamos viendo obligados a ser más competitivos. Es una bonita historia. Es la revolución del malestar.

Yo no conozco a nadie que se haya muerto de desigualdad, pero sí conozco a mucha gente que se ha muerto por pobreza, por falta de acceso a cuidados sanitarios y a medicinas, por falta de riqueza económica…

¿Presentas esta rebelión del malestar como contrapunto a La rebelión de Atlas (Ayn Rand, 1957)? ¿Quién es para ti Rand?

No. Me resulta interesante pero no soy randiano. Es simplemente un juego de palabras en contraposición a la revolución del bienestar. Son las fuerzas que van contra los fundamentos del progreso y que incorporan desde el anticapitalismo al pobrismo, el igualitarismo, populismo… todas las fuerzas que conspiran a diario contra la economía de mercado y contra la libertad de las personas.

Sin embargo sí que incluyes determinadas afirmaciones como por ejemplo que «el lucro sólo puede llegar sirviendo a los demás» que sí formarían parte de la filosofía objetivista de Rand.

Sí, puedo ver la coincidencia. Tampoco soy un estudioso de Ayn Rand. He leído sus novelas de ficción, y de hecho la que más me gusta es El Manantial (1943), no La Rebelión de Atlas (1957), y tampoco me cambió la vida precisamente. Entiendo que alguien pueda ver el paralelismo, pero, esta filosofía también está presente en el discurso de personas a las que sí he estudiado más como Los Escolásticos, Adam Smith, Hayek, Mises o Friedman.

Simplemente creo que es el reconocimiento de un derecho humano básico, el derecho al trabajo. Parece que todo el mundo lo reconoce pero luego hay quienes le quieren poner coto. Efectivamente defiendo que en una economía de mercado el lucro sólo se puede obtener sirviendo a los demás. En una economía coactiva se puedo decretar que tengas que venir a comprar a mi tienda, que tengas que ser cliente de mi empresa… Amancio Ortega puede esforzarse todo lo posible porque tú vayas a consumir a sus tiendas pero no tiene medios para obligarte a comprar en su comercio. Se trata de poner en valor la figura del empresario como creador de empleo y de riqueza, y reconocerle el derecho de retener los frutos de su trabajo.

Diego Sánchez de la Cruz Leotopía

¿Estados Unidos ha dejado de ser un país excepcional desde el punto de vista liberal?

Sí, es triste pero la verdad es que han sido tres lustros de giro hacia postulados de irresponsabilidad fiscal, estatismo en distintos sectores, leyes fiscales atrasadas… Fíjate, Estados Unidos planteado a veces como el paradigma del capitalismo, y resulta que mientras en la OCDE el impuesto medio de sociedades es el 25% en Estados Unidos es del 40%. Me preocupo mucho por la deriva que han supuesto los ocho años de Bush en el plano económico (con los rescates fiscales o el descontrol del déficit) y los años de Obama, que han sido nefastos para la clase media y que explican, de hecho, la irrupción de un fenómeno tan predecible como es el señor Trump.

Entiendo que crees que el mandato de Trump no va a mejorar las cosas…

Es muy complejo. No me atrevo a hacer grandes predicciones. Dentro del partido republicano y dentro del propio discurso de Trump conviven dos formas de abordar los retos económicos. Hay una que me preocupa mucho, que es proteccionista y que recela del mercado (o al menos de la globalización) y que de ser la tensión ganadora puede sentar las bases para nuevos retrocesos de las clases medias. Y hay otro discurso que me gusta, que aboga por bajar impuestos o flexibilizar el mercado de trabajo. La música suena muy bien en este sentido pero, ¿va a conseguirlo?

Hay que esperar, pero creo que hay razones para el pesimismo porque incluso en un sector en el que es más necesaria que nunca una reforma liberal, como es la sanidad, Trump ha fracasado. Los intereses creados son muchos y el establishment es difícil de tumbar. Tiene a favor el Congreso y el Senado y se ha estrellado con la reforma sanitaria, o sea que, cautela.

¿Qué es el bien común?

Creo que hay tantos bienes comunes como personas.

 

Es igual que la mayoría social y todos estos llamados, estas etiquetas. Bien común, mayoría social, opinión social. Alberto Garzón ha llegado a decir que representaba a la mayoría social. Con dos escaños. No se puede hacer una afirmación más ridícula.

¿Es compatible defender el liberalismo y opositar?

Sí claro. Lo que yo no vería normal es que una persona en su trabajo cotidiano de administración no intentase poner siempre sus principios por delante. Una de las razones por las que se crea la función pública es para limitar el poder de los políticos y que cada vez que se produzca un relevo en el poder no cambien afiliados de un partido por otro, si no que haya una serie de técnicos que intenten poner coto a las decisiones que se toman.

Lo entiendes como una manera de dinamitar los problemas desde dentro…

Si. No lo veo una incoherencia. El mercado no es obligatorio. Te puedes aislar de él por completo, dedicarte al trueque, no consumir prácticamente ningún tipo de bien o de servicio y estar fuera de la economía de mercado. Lo que no puedes hacer es escapar del Estado. Si te niegas a pagar impuestos o a estar registrado tienes un problema. Si estar en el Estado fuese opcional entonces tendría sentido decir «oiga, usted pudiendo estar fuera del Estado ¿por qué ha elegido estar dentro si está contra el Estado?». Pero como no es opcional…

Me hace mucha gracia que alguien pretenda que después de pagar el 40-50% de tu renta no tengas nada que decir sobre un puesto de trabajo que oferte el Estado o que no puedas opinar sobre cómo se gastan los recursos públicos en educación o sanidad. A veces desde el liberalismo nos equivocamos satanizando la figura del funcionario, porque creo que hasta puede ser un aliado. En el libro defiendo que se repartan bonus entre los funcionarios más productivos. Por ejemplo, nadie mejor que un funcionario sabe dónde está el gasto, la mamandurria o la grasa estatal. El hecho de que sepa identificarlo y proponga medidas concretas para recortar gasto o agilizar procesos, creo que tiene que estar reconocido.

Diego Sánchez de la Cruz Leotopía

En el contexto actual de España ¿un liberal tiene que ser de derechas?

No. Pero  sí que es cierto que cada vez se está volviendo más difícil ser liberal de izquierdas por la deriva del discurso de las libertades sociales, que en los últimos años tiende a convertirse en algo cada vez más alejado de lo que yo entiendo que es una sociedad abierta.

¿A qué debe el liberalismo su mala prensa? ¿Existe una predisposición moral antiliberal?

No, yo no creo que tenga tan mala prensa. Soy optimista [ríe]. Si la tuviese, nos llamarían liberales, pero nos llaman neoliberales salvajes. Prácticamente dicen que nos comemos a los niños. Si hace falta ponerle tantas etiquetas es que quizás a la gente estas ideas tampoco le resultan del todo tan hostiles. El reconocer los derechos de los homosexuales, entendido como su no discriminación, por ejemplo, es una reivindicación liberal antigua mantenida a lo largo del tiempo y que ahora está compartida de izquierda a derecha.  O el derecho a la propiedad privada, que puede que suene muy burgués para algunas personas, pero España es un país de propietarios en el que el 80% de la población (redondeando) tiene vivienda y la gente está cansada de pagar muchos impuestos.

Las personas siempre se mueven en un binomio de libertad-seguridad. Todo el mundo compra una parte del discurso liberal y teme otra en la medida en la que cree que le puede restar seguridad a su vida. Por eso hay que hacer pedagogía y explicar que, lejos de dar más seguridad, a menudo el intervencionismo supone caer en una trampa que aumenta nuestra vulnerabilidad y nos hace más dependientes.

Si mañana nombraran a Diego Sánchez de la Cruz ministro de Economía ¿cuál sería su primera medida?

Preferiría la cartera de Hacienda o de Trabajo, porque donde creo que hay más trabajo por hacer es en apuntalar la reforma laboral con nuevas leyes de flexibilidad, simplificación de contratos o reducción de las cargas al trabajo. En Economía lo más urgente es tumbar las trabas regulatorias. Son muchas y además fraccionan el mercado con 17 modelos regulatorios distintos, lo que es un sin sentido. Apostaría por una ley muy sencilla. Si un negocio está autorizado para operar en una comunidad autónoma, lo está para todas las demás. No tiene sentido que sea más difícil vender de Castilla y León a Andalucía, que de Castilla y León a Francia. Si me tocara la cartera de Hacienda, al margen de plantear inmediatamente la supresión de patrimonio y de sucesiones, empezaría a sentar las bases para una reforma fiscal profunda, pero la manera de hacerlo en primer lugar sería transparentar el coste del Estado. ¿Cómo? Obligando a que todo trabajador reciba en su nómina su coste laboral íntegro y que a continuación se le retengan las cotizaciones y el IRPF. Y obligando también a que en los comercios los precios no indiquen el IVA y se conozca en el momento de pago. Son dos reformas que propongo en el libro para hacer transparente cuál es el verdadero peso de los impuestos. Esto me da daría pie a introducir más adelante reformas de calado para reducir IRPF, sociedades, IVA y todos los demás impuestos.

«El Estado existe para amparar al hombre del miedo», decía Leopoldo María Panero en Después de tantos años (Ricardo Franco, 1994). ¿Era un loco muy cuerdo?

Clínicamente era un loco, pero ya sabes que muchas veces sólo los locos, los niños y los borrachos dicen la verdad. Creo que hay mucha profundidad en esa frase…

Diego Sánchez de la Cruz Leotopía

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