Ciencia & Tecnología — 01/08/2017

La radioafición ha muerto. ¡Viva la radioafición!

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morse radioaficion leotopia  La radioafición ha muerto. ¡Viva la radioafición!

 

Radioaficionado: Persona autorizada que emite y recibe mensajes radiados privados, usando bandas de frecuencia administrativamente establecidas. (RAE)

Para alguien ajeno a esta realidad, puede que la radioafición haya perdido todo su sentido en la era de las redes sociales. El exponencial desarrollo de tecnologías como las tabletas o, sobre todo, los teléfonos inteligentes —o smartphones—, nos ha transformado en una sociedad hiperconectada. En este contexto, ¿qué convierte a un simple micrófono, un equipo transmisor-receptor y el acceso «libre» al espacio radioeléctrico en una duradera y profundamente atractiva afición a nivel mundial?

Para empezar, ni Internet ni ninguna de sus herramientas pueden competir con la mágica sensación de establecer contacto y conversación a larga distancia a través de la radio entre dos personas. En un mundo saturado por la mensajería instantánea, los correos electrónicos o las video-conferencias, hay un cierto halo de pureza en la experiencia compartida de intercambiarse «73» (saludos) en un «QSO» (contacto entre dos radioaficionados) en vivo entre desconocidos de distintos continentes.

Pero ser radioaficionado es mucho más. Es amar al mundo de la radio «en toda su extensión», nos dice Fernando Gallego Fernández (EA1BZ). Es el presidente de la Unión de Radioaficionados de León (URLE), asociación que engloba a los entusiastas de esta práctica de León y provincia (a excepción de la comarca de El Bierzo, donde cuentan con su propia delegación). «Ser radioaficionado no sólo es hablar por la emisora. Hay muchas más prácticas en función de los gustos de cada uno. Hay quien disfruta con el ‘cacharreo’ y se dedica a construir y experimentar con equipos y antenas, a quien le gusta más el tema informático y se vuelca en el ámbito de las comunicaciones digitales, el que sobre todo se divierte compitiendo en los muchos concursos de radioaficionados que existen a nivel nacional e internacional, o el que aprovecha sus vacaciones para realizar expediciones a entidades remotas[1]»,explica.

Fernando Gallego URLE

Ser radioaficionado se lleva por dentro, aunque su grandeza pasa, precisamente, por saber compartir esa pasión con los demás. ¿Cuánto nos puede costar adquirir el equipo necesario para ello? Como con tantas otras aficiones, el coste dependerá de nuestro nivel de implicación. «Hay equipos de hasta nueve mil y diez mil euros, pero por quinientos ya los encuentras con bastante calidad», señala Fernando. El mimo y cuidado con el que son tratados por los radioaficionados permite tener muy en cuenta el mundo de la segunda mano, donde «para comenzar, con doscientos o doscientos cincuenta euros, lo tienes hecho». Existe incluso una tercera vía, menos habitual y que requiere de un mayor conocimiento técnico, que pasa por construirse uno mismo su propio equipo. Se engloba dentro de la faceta de la radio experimentación, pero se ha visto afectada negativamente «por la tendencia del ‘usar y tirar’, que implica una escasez de los componentes radioeléctricos necesarios», nos explica el presidente de URLE.

 

PERFIL Y REQUISITOS DEL RADIOAFICIONADO

A día de hoy, la Unión de Radioaficionados de León cuenta con un total de medio centenar de miembros. Una amplia mayoría de los mismos reside en la capital, mientras que los restantes lo hacen en localidades como La Robla, Valencia de don Juan, Astorga, La Bañeza o Lorenzana. Dos de ellos (Miguel Yugueros Cabral —EA1YC—, y Marco Antonio Ruiz —EA1SB—, vocal y secretario de la asociación respectivamente), se unen a nuestra conversación para apuntar que, generalmente, se trata de personas cuya vida profesional está o estuvo ligada a la tecnología. Informáticos, ingenieros, técnicos de mantenimiento… pero también militares y médicos. Precisamente estos dos últimos colectivos fueron los más abundantes en los orígenes del fenómeno en León, tal y como se recoge en el documento que, bajo la iniciativa de Agustín Lozano —EA1AV— (uno de los más veteranos y activos radioaficionados de la provincia), recopila la historia de esta práctica en el territorio leonés. En el mismo, se establece que la primera emisión radioeléctrica en la provincia data de 1927,  y que fue realizada por parte de un capitán desde el aeródromo militar de la Virgen del Camino.

Repasando detenidamente este documento (aún por culminar), surgen los nombres de aquellos que hicieron realidad la implementación de la radioafición en León desde principios del siglo XX, nombres como los de Enrique Castaño Rodríguez, Alberto Gallegos Vega, Gaspar Alonso Mancía o Manuel Piernas Pérez. Encontramos también titulares de licencias con nombre de mujer (Neri —EA1VQ—, Isabel —EA1AEF— o María Avelina Sanz, «La Divina» —EA1AEW—), una realidad que, por desgracia, no se ha mantenido en el tiempo. A día de hoy la radioafición es un mundo de hombres, «no sólo en León sino en general. Cuando escuchamos a una mujer llama la atención, no es lo habitual», dice Miguel. «Son la excepción, pero sí que las hay, y además suelen ser muy buenas operadoras, sobre todo de telegrafía», apunta Marco.

Es una realidad innegable que el número de aficionados ha ido decreciendo con el tiempo. «La gente tiende a decir: ¿para qué quieres ser radioaficionado si tienes WhatsApp o las redes sociales? Es triste escucharlo, no sólo porque defienda la filosofía de la radioafición, sino porque es una visión realmente reducida y egoísta del mundo. Nosotros estamos en el llamado primer mundo, pero hay que ser conscientes de lo pequeñito que es. Hay mucho más mundo que no dispone de toda esta tecnología», señala el presidente de URLE.

Esta filosofía de la que habla implica, por ejemplo, entender el fenómeno como una gran oportunidad para que la juventud pueda interesarse y aprenda de manera más atractiva materias como el inglés o la lengua básica de comunicaciones a larga distancia o «DX». Porque «ser radioaficionado supone saber idiomas para poder comunicarte con otros aficionados de cualquier parte del mundo, pero también física para entender los modelos de propagación ionosférica o troposférica —dependiendo de la banda en la que se quiera trabajar—, o matemáticas para el cálculo de antenas», dice Fernando. De momento, reconoce que la media de edad de los miembros de la asociación es bastante elevada, y que son pocos los jóvenes dispuestos a protagonizar el tan necesario relevo generacional. El decano de los radioaficionados de la provincia de León y socio de URLE, Álvaro Gutiérrez Fernández —EA1IG—, falleció en octubre de 2016, así que ahora el honor recae en David Otero Villar —EA1VJ— de 82 años. Por el contrario, el más joven ronda la treintena. Pese a todo León es, de acuerdo con los datos del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, la provincia con mayor número de radioaficionados censados en Castilla y León, con un total de 366 licencias vigentes en este curso 2017.

El dato, sin embargo, puede resultar  viciado tras la entrada en vigor del último Reglamento de Radioaficionados aprobado en 2013, en el que se establece que a partir de dicho año, no es necesaria la renovación de las licencias. Las autorizaciones ya no caducan, se renuevan de oficio, de manera que conservan su vigencia mientras el titular no manifieste su renuncia o sean revocadas por sanción administrativa. Por eso, tal y como nos apuntan desde la Jefatura Provincial de Inspección de Telecomunicaciones de León, «hay muchas más licencias que operadores en activo».

El examen a través del cual se accede a dicha licencia también ha cambiado con el tiempo. Hace años incluía pruebas prácticas de código morse (CW), existían diferentes tipos de licencia en función de la banda de frecuencia y sólo se convocaban pruebas dos veces al año. «Ahora es más sencillo —apunta Fernando—, porque se ha simplificado a una autorización única, el temario no incluye telegrafía y puedes solicitar hacerlo cuando quieras de manera telemática». La prueba, cuya duración máxima es de noventa minutos, se realiza por ordenador y en las dependencias de las Jefaturas Provinciales de Telecomunicaciones, previo abono de una tasa de 22,98 euros. Consta de dos ejercicios con treinta preguntas de tipo test cada uno, en los que hay que obtener al menos, quince respuestas correctas en cada parte. La primera examina los conocimientos de electricidad y radioelectricidad para operar una estación de radioaficionado, y la segunda, el dominio de la normativa reglamentaria referente a este tipo de estaciones. En la Jefatura Provincial de León nos cuentan cómo «hace años se tenían que alquilar salas porque no cabían todos en nuestras propias dependencias. Podían presentarse unas ciento cincuenta personas a cada examen. Sin embargo durante el pasado 2016 sólo dos personas solicitaron hacer la prueba».

Una vez superada, el radioaficionado puede solicitar su licencia con un coste de 111 euros, con lo que recibirá su ansiado indicativo o distintivo de llamada. Este consta de un prefijo que identifica el país (EA, EB y EC para España en las autorizaciones individuales o estaciones colectivas), un número del 0 al 9 que hace lo propio con el distrito o zona dentro de esa país —1 en el caso de León—, y un sufijo de dos o tres letras distintas para cada aficionado, asignadas por orden alfabético y por turno riguroso de expedición. La concesión del sufijo no siempre se hizo aleatoriamente, de modo que los más veteranos, radioaficionados privilegiados como Miguel, pueden presumir de un indicativo que refleja sus iniciales: Miguel Yugueros Cabral, EA1YC.

 

EL DÍA A DÍA DEL RADIOAFICIONADO

La sede de la URLE mantiene la ubicación de la que fue durante años, el Aula Municipal de Radioaficionados del Ayuntamiento de León. Allí, en la primera planta del antiguo consistorio de la Plaza Mayor de León, sus socios se reúnen cada jueves a última hora de la tarde. Fernando reconoce que «puede que muchos leoneses no sepan ni quiénes somos ni a qué nos dedicamos en realidad, porque lo cierto es que no metemos ruido, no nos damos mucha propaganda». Salvo por ese espacio cedido por el Ayuntamiento «que vale su peso en oro», la asociación sobrevive económicamente a través de la autofinanciación. Es allí donde atesoran sus equipos, su APRS [2] y, por supuesto, el casillero de recogida y envío de QSL´s.

 

¿Que qué es una QSL? Otro de los elementos que explican ese universo comunicativo tan deliciosamente singular y atractivo que la radioafición genera a su alrededor. Cuando un radioaficionado comunica o logra contacto por vez primera con otro, dicha comunicación se confirma con una tarjeta QSL, una postal en la que consta, además de la dirección del remitente y la de la asociación a la que pertenece, el indicativo de ambos operadores y los datos generales sobre la comunicación (hora, día, mes y año, informe de señales según el código RST o SINPO y la zona del mundo en que se encuentra la estación que envía la QSL, así como el tipo de receptor y antena utilizados). Además, para aquellos que aún crean que fue la «generación Twitter» quien tuvo algo que ver con el fenómeno de contracción del habla escrita, estas tarjetas ya ponen de manifiesto que el uso de abreviaturas es un mecanismo útil para aprovechar al máximo espacios reducidos. Un buen ejemplo es el uso común de la leyenda «PSE QSL TNX» como mensaje final de la postal, que sintetiza la educada petición de envío de una tarjeta de acuse de recibo de la misma. Su cara principal está comúnmente ilustrada con un dibujo o fotografía que alude al país o ciudad de origen del radioaficionado en cuestión.

Radioaficionados URLE QSL

«Tenemos cajas y cajas de QSL. Cada año recibimos una media de nueve con unas trescientas o cuatrocientas tarjetas dentro… Va a depender del nivel de actividad que tengas. Yo que soy de los más activos, ha habido años en los que he hecho entre diez mil y quince mil contactos», nos cuenta Marco. Incluso en 2015, en el contexto de la celebración del «León, Cuna del Parlamentarismo», la asociación propuso al Ayuntamiento sacar adelante un concurso de radioaficionados promocionando el evento a través de la confección de doce QSL, una por cada uno de los reyes de León, que, finalmente, quedó en nada.

La creación de estas doce QSL especiales hubiera sido, sin duda, una original forma de promocionar nacional e internacionalmente esta sobresaliente parte de la historia de León. Y es que los concursos que ponen a prueba las habilidades (en rapidez, precisión y paciencia) en el manejo de la estación y los modos de operarla por parte de los radioaficionados logran congregar a un gran número de seguidores prácticamente cada fin de semana del año. «Generalmente suelen durar unas 24 horas y también nos referimos a ellos con el término de ‘radio deportiva’ por el elemento competitivo que les rodea», apunta Marco.

Radioaficionados León URLE

La relación de concursos es tan amplia como el número de trofeos y diplomas que reposan cuidadosamente en una de las vitrinas de la sede de la asociación. Desde el European HF Championship EUHFC al Concurso Nacional V-UHF, pasando por el de su Majestad del Rey (el emérito Juan Carlos I, aficionado también, tiene por indicativo EA0JC). «Es una faceta que mueve a mucha gente y también mucho dinero. Mejorar las puntuaciones supone mejorar tu técnica, pero también la calidad y la potencia de los equipos, y los que están realmente metidos en esto invierten y mucho», nos cuenta Marco. Una inversión que, económicamente nunca compensa, ya que los premios se reducen a trofeos y diplomas. «Esto es un hobby, si vienes con intención de ganar dinero estás muerto. El verdadero premio es la satisfacción personal que te produce haber conseguido ser el primero del mundo en baja potencia, por ejemplo. En el CQ World Wide VHF Contest de hace dos años quedamos primeros de Europa, primeros de España, y segundos del mundo, y además se batió el récord mundial de la categoría. Eso es muy satisfactorio…», afirma Miguel.

Dicen que para cultivarse en este mundo lo más recomendable es invertir mucho tiempo recorriendo las bandas porque como en casi todo en la vida, recuerda divertido Fernando, «se aprende más escuchando que hablando». Es un hobby al que le dedican muchas horas al día, ya no sólo en la asociación, sino en sus casas, donde generalmente cuentan con su propio «cuarto de chispas» desde donde operan, aunque siempre de manera disciplinada y sin permitir que esto les distraiga de sus obligaciones, tal y como establece el precepto quinto del Código del Radioaficionado.

«Aunque en función del día a lo mejor no hablas con nadie, tienes el equipo encendido, escaneando, siempre tienes el cluster funcionando por si sale alguna estación que no tienes…», reconoce Miguel, a quien pertenece el cuarto que refleja la fotografía posterior (cedida amablemente a Leotopía por él mismo) y desde donde logró contactar, por ejemplo, con la Estación Espacial Internacional. «Mucha gente no lo sabe pero ser radioaficionado, tener un indicativo, es uno de los requisitos de cualquier astronauta», nos cuenta. «Normalmente no están activos en radio y cuando lo hacen el contacto no es muy prolongado porque hay mucha gente intentando comunicarse con ellos al mismo tiempo, así que fue una cosa muy técnica, en la que intercambiamos indicativos, y otros datos como la posición o la señal con la que me estaba recibiendo».

 

MUCHO MÁS QUE UN HOBBY

Los también llamados sinhilistas, ham en territorio inglés o radioamateurs en Francia, son capaces de captar el sonido del espacio (radiastronomía), pero también una llamada de socorro en una situación de emergencia, tal y como refleja la película que mejor describe la esencia de la radiodifusión, T.K.X. no contesta (Si tous les gars du monde, Christian Jaque, 1956). Los que mantienen vivo este fenómeno no sólo lo consideran como una distracción personal. Sienten que forman parte de una suerte de hermandad mundial, capaz de trascender el lenguaje, la religión o la política.

La suficiencia de sus equipos para transmitir y recibir en las condiciones más adversas les ha convertido en un eficaz medio de comunicación en situaciones de catástrofe, y así se le reconoce en el Reglamento de Radiocomunicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

En España, asimismo, la radioafición es considerada como un servicio público, de manera que todo titular de una autorización se encuentra en la obligación, por requerimiento de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias y del Ministerio del Interior, de colaborar con sus medios radioeléctricos para satisfacer las necesidades de comunicaciones relacionadas con operaciones de socorro y seguridad en caso de catástrofes. «Las nuestras son estaciones sencillas pero con aguante, y que durante años han demostrado su capacidad cuando las redes de comunicación regulares fallan, o simplemente, se colapsan. Pero lo cierto es que, aunque normalmente en casos como el terremoto de Chile del pasado año, los primeros enlaces de comunicación que se hicieron fueron a través de equipos de radioaficionados, no se suele publicitar, no les interesa porque nosotros no generamos dinero», se lamenta Fernando.

En cualquier caso, no hace falta situarnos en escenarios extremos para reconocer su utilidad. Marco recuerda cómo hace unos años uno de los miembros de la asociación, Antonio  —EA1WXD—, recibió una llamada de radio de un avión con destino Tenerife pidiéndole ayuda tras haber perdido contacto con el control aéreo. Durante la denominada Primavera Árabe, también muchos radioaficionados contribuyeron a evadir el sistema de censura informativo impuesto tras la restricción del acceso a Internet y el bloqueo de la telefonía móvil. Es por eso que en países como Corea del Norte la radioafición está prohibida desde el régimen y se ha llegado a convertir, en palabras de Fernando, Miguel y Marco «en el contacto más buscado y deseado por parte de los radioaficionados de todo el mundo. La Luna es fácil en comparación con Corea del Norte».

Desde 1927, momento en el que la radiafición adquirió su carta de naturaleza en la Conferencia de Washington, su propio desarrollo ha contribuido al avance en el ámbito de las radiocomunicaciones. A día de hoy el ordenador ha pasado a ser un elemento central en sus estaciones. Y es que la radioafición camina y avanza con los tiempos.

 

Porque, como todo lo que está empeñado en perdurar a base de ardor, iniciativa y compromiso para con la sociedad, el de los radioaficionados es un mundo al que todavía le queda mucho por decir.

73

[1] Las expediciones a lugares de difícil acceso o falta de actividad radioeléctrica (en inglés DXpeditions), son una de las vertientes que logra movilizar a un gran número de radioaficionados de todo el mundo. Suelen tener un carácter altruista, más aún si se trata de zonas desfavorecidas económicamente.
[2]  Sistema automático de información de posición que permite, entre otras cosas, el intercambio de datos entre estaciones fijas y móviles de radioaficionados.
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