Música, Ocio — 01/08/2017

¿Dónde comprar un disco? Las últimas tiendas de música de León

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¿Cómo puede alguien que ha vivido en los ochenta y los noventa hablar de las tiendas de música sin sentir el aguijón punzante de la nostalgia? La respuesta parece sencilla: no puede. Ahí está la clave de las líneas que siguen, escritas bajo el influjo de infinitos recuerdos de adolescencia y juventud, presentes y casi tangibles como la magia en una noche de luna llena.

Tiendas de música de León

En sentido estricto, la música siempre ha estado ahí, conviviendo con nosotros desde la infancia de nuestra especie y adaptándose al permanente proceso de evolución cultural que nos ha conducido a través de los siglos. Desde los abrigos de roca y las cavernas donde resonaban las sonajas de conchas o silbaban los flautines de hueso, a los salones de Viena donde se bailaban los valses de la familia Strauss, ella, la música, ha seguido nuestros pasos.

«Tú, reina entre mil reyes, cumbre de mis valles. Me levitas y así evitas que tanto odio me ametralle, tú. Si eres hip-hop muestras denuncia y carisma, pero te vistes de clásica y sigues siendo la misma», canta el rapero Nach en El Idioma de los Dioses (2011); y como los gustos van por barrios, una inspiradísima Marta Sánchez acompañada por Andrea Bocelli a la voz y al piano dedicaba otra oda a la música en la castellanizada Vivo por Ella (1997): «Ella a mi lado siempre está, para apagar mi soledad […]».

La música es una expresión atemporal de las emociones que refleja como un espejo la cultura de cada momento, de cada lugar. Pero al mismo tiempo llegó a convertirse en un lucrativo producto de consumo, un próspero negocio de una industria en imparable crecimiento desde la invención de los dispositivos de grabación y reproducción de audio. El disco de vinilo de los años cuarenta, las posibilidades de la radio, los cantantes convertidos en estrellas rutilantes, Philips y el invento del cassette, los conciertos multitudinarios, los festivales, el poder de una televisión capaz de proyectar el sonido hasta las antípodas del mundo, las tiendas de música, Philips —otra vez— y el invento del disco compacto, la digitalización de la música, las copias masivas, el intercambio de archivos a través de la red, las páginas de descarga, las tiendas digitales…

Pero desde hace más de una década el negocio de la música atraviesa una severa crisis que los más optimistas prefieren definir como periodo de reajuste o de adaptación a las nuevas exigencias del mercado y de la sociedad. Los informes de PROMUSICAE (Productores de Música en España) hablan de una caída libre de las cifras de ingresos, que en el año 2001 superaban los 600 millones de euros para no alcanzar los 200 millones en el año 2016. Tras un desplome continuado de las ventas a lo largo de doce años, 2013 supone un punto de inflexión a partir del cual se frena la tendencia decreciente. A falta de las cifras para este año, el pasado 2016 se cerró como el tercero consecutivo en el que crecían las ventas, auspiciadas en buena medida por los ingresos digitales.

¿Y cómo se traduce esto al nivel de la calle? Es bien sabido que el negocio de la música abarca infinidad de sectores, desde la creación, la grabación y distribución hasta quienes venden el producto mirando a los ojos del consumidor final. Para estos últimos, la realidad se ha comportado de un modo particularmente cruel, privándoles de un modo de vida que normalmente también era una pasión personal. Las tiendas de música han desaparecido de las calles empujadas por las bajas ventas, situación que, en el caso de la provincia de León, sólo ha permitido conservar tres comercios, dos de ellos físicos y uno on-line, dos de ellos en Ponferrada y uno en la ciudad de León.

Hemos visitado las últimas tiendas de música, y hablando con sus propietarios, hemos podido conocer de cerca tanto sus historias como su visión de una realidad que les ha obligado a replantearse completamente el día a día de sus negocios.

MACI 3, LEÓN

Los hermanos Macías (Álvaro, Miguel y Pedro) ya tenían experiencia en el sector cuando decidieron sumarse al negocio de las tiendas de música, abriendo un local en la calle Azabachería. En aquel lejano 1981, apenas había competencia en la capital y el Barrio Húmedo era un nudo comercial. «Nos decantamos por esta calle por la afluencia de público que tenía. La proximidad al mercado, a las dos plazas. De aquella se hacía el rastro los domingos y nosotros también abríamos porque era el mejor día de la semana», comenta Álvaro Macías, quien permanece al frente de Maci 3, un negocio que como el mismo dice al pensar en el futuro, «ya no está para dejárselo a nadie. No creo que haya ningún valiente al que se le ocurra montar una tienda de discos ahora mismo. Nosotros ya tenemos una edad y aguantaremos la situación como venga. Yo llevo desde los veinte años en la música y no tengo muchas ganas de iniciar otras aventuras».

Pero antes de la crisis del sector, de la caída de las ventas, de la exigencia de reinventarse, los hermanos expandieron su negocio fundando una discográfica y levantando una franquicia llamada Maci Rock que llegó a tener 98 tiendas de música por todo el país. Una de las más significativas estaba en la Avenida Padre Isla de León, una macrotienda de 500 m2 con tal potencial que se convirtió en referente. Allí se detenían los artistas a firmar discos mientras los clientes escuchaban, aprendían y compraban música. «En la década de los noventa estábamos en plena actividad. Teníamos un éxito enorme y crecíamos a unos niveles inesperados. Pero no nos dimos cuenta que nos encaminábamos hacia un precipicio. Las cosas cambiaron tan rápido que resultaba imposible asimilarlo», recuerda Álvaro Macías.

Para él, las tarifas planas de Internet desencadenaron el cambio en el negocio: «La gente se volcó a descargar ilegalmente la música. Ahí comenzaron los problemas del sector en España». De manera irremediable, Maci Rock, cuyas cifras habían llegado a suponer el  5% de las ventas de discos en toda España, tuvo que cerrar sus tiendas. «Fue un desastre. Pasamos de hacer facturaciones enormes a vivir una debacle».

Maci 3 es la última de las tiendas de música especializadas en discos de la ciudad de León, y sobrevive en el mismo lugar que le vio nacer a comienzos de los ochenta. «Ya no vivimos sólo de la música», nos dice. Además de los discos, el merchandising, o las entradas para conciertos, «digitalizamos formatos, hacemos camisetas, vendemos el material electrónico que teníamos en la tienda de la Rúa donde vendíamos equipos de música, televisores, relojes…». Álvaro hace autocrítica al reconocer que en el sector no han sabido regenerar al consumidor de la música, tal vez porque como él dice, «los hábitos de consumo han cambiado mucho y se prefiere la cantidad a la calidad. La música ha dejado de ser un ocio prioritario».

 

El apellido Macías estará ligado para siempre al negocio musical de la provincia. Aunque ahora las ventas no jueguen a favor, su papel en la producción no ha cesado desde 1985 cuando pusieron en marcha la Discográfica Castellano Leonesa. «Siempre tuvimos la obligación de atender y ayudar a los grupos leoneses en la medida de nuestras posibilidades». A través de la discográfica han revalorizado el folklore y la música tradicional leonesa, de la que Álvaro Macías se manifiesta como un ferviente aficionado. No oculta el orgullo al afirmar que a día de hoy, es lo que más se vende en su tienda gracias a los turistas y a los leoneses que viven lejos de aquí.

Terminamos la entrevista con la sensación de haber conocido una historia merecedora de ser narrada, la de un imperio musical condensado como un recuerdo en una pequeña tienda del Barrio Húmedo. Y nos vamos con una frase del propietario que más que una rúbrica parece una declaración de intenciones: «en Maci 3 siempre suena música».

«No creo que haya ningún valiente al que se le ocurra montar una tienda de discos ahora mismo»

DISC-ORDER, PONFERRADA

Un rastreo por el mapa revela que dos de las tres últimas tiendas de música de la provincia están ubicadas en la capital de El Bierzo. Ponferrada nos recibe en un día gris que parece hacer esfuerzos para no descargar llovizna. Hacia el sur, dejando atrás el corazón urbano, llegamos a Disc-Order, un negocio especializado en la distribución musical que hemos conocido a través de la Red, único escaparate donde ofrecen sus productos.

Nos recibe Gabriel Gómez González, 43 años, desde los 17 en el sector de la venta musical. Como las bandas primerizas que buscan darse a conocer, empezó a recorrer los mercados en un furgón vendiendo cintas. Eso fue antes de poner en marcha una red de expositores en negocios de hostelería y gasolineras entre Galicia, Asturias y León, con cerca de dos mil puntos de venta. Más tarde llegaría la tienda física de discos en Ponferrada y la caída de las ventas con la generalización de las conexiones a Internet en los hogares. Pero Gabriel, lejos de sumarse a los que intentaban detener el oleaje con las manos, decidió aprovechar los recursos de la web y abrir Disc-Order para buscar proveedores por todo el mundo, abasteciendo a tiendas y particulares. Eso les ha permitido generar una bolsa de 23.000 clientes en todo el mundo a la que no dejan de llegar nuevas demandas. «En estos años el cambio fundamental ha sido la diversificación del mercado. Inicialmente la venta se centraba en España pero poco a poco hemos ido ampliando mercados: Japón, EEUU, Australia, Francia, Dinamarca, a todos los lados».

Para él, no hay que demonizar a la Red ni a los internautas particulares que recurren a ella para consumir música, ya que el problema está en otro lado: «Hay mucho interés político en hacer ver que el consumidor y la piratería son los problemas del mercado discográfico y eso no es cierto. Cualquier tienda de España podrá confirmar que en el año 2000 la mitad de su venta eran bares, pubs y discotecas. Un pub que vive de la música a día de hoy no compra música, y eso supone el 50% de las ventas». Gabriel considera, por tanto, que son los locales de ocio que han dejado de comprar música los que han generado un cambio significante en el índice de ventas. «Si un pub tiene que comprar un disco, no lo hace por gusto. Supone un gasto que si puede evitar, lo evita». Pero no duda en buscar responsables más arriba, mostrándose muy crítico con la labor de sociedades como la SGAE, con el impuesto nacional del IVA cultural (21%) que dificulta la sana competencia en los mercados internacionales e incluso con la Comunidad Económica Europea, que «favorece el libre mercado y el tránsito de mercancías pero en realidad lo que está creando es una economía que avanza a dos velocidades: una abierta, que cree en el libre mercado real y lo fomenta a través de países como Alemania, Holanda y el Reino Unido, y después está el resto». Teme la caída lineal del mercado minorista por dicha competencia desleal, que según su opinión, acabará generando un aumento del paro y una concentración del consumo en otros países.

 

Mientras desentraña con conocimiento de causa las partes más oscuras del sector distributivo musical, Gabriel Gómez nos revela uno de los grandes problemas que se encuentran en la actualidad las tiendas de música: el hecho de tener en frente a gigantes del sector como Amazon. Ante eso, «tratamos de diferenciarnos ofreciendo un catálogo lo más amplio posible junto con la posibilidad de que el cliente pueda adquirir todo su producto en un único punto. Ajustamos los márgenes al mínimo porque la red es muy exquisita con los precios. El cliente busca el ahorro en todo momento».

Como responsable de Disc-Order, afirma que no hay un producto estrella en cuanto a contenido o formato, y no muestra asombro al reconocer el aumento de las ventas de vinilos en los últimos años: «Vuelven a venderse platos para vinilos con salida USB para poder cargar los audios en el móvil. Es lo que mejor suena por su sonido analógico. Cuando la aguja entra en el surco no hay nada mejor, y bien cuidado, un disco de vinilo puede durar toda la vida».

Habla de seguridad personal al pensar en el futuro, pero también se encoge de hombros cuando le planteamos la posibilidad de que el negocio de las tiendas de música pueda tener continuidad una generación más. «Vivimos un momento en el que los cambios son muy rápidos», afirma. Él ha vivido muchos, tristes la mayoría al ver la frustración de amigos y conocidos que no pueden vivir de la música por el desplome del sector. Con agilidad mental enumera la cantidad de gente que hay detrás de la elaboración, distribución y comercialización de un disco, desde los músicos profesionales a los ingenieros de sonido, pasando por los diseñadores o las propias tiendas profesionales, y sólo tiene un último pensamiento que lanza a ese océano turbio en el que ha sabido navegar todos estos años con la ayuda de sus hermanos: «Quien vive de la música debe pagar por ella».

«Hay mucho interés político en hacer ver que el consumidor y la piratería son los problemas del mercado discográfico y eso no es cierto»

TIPO PONFERRADA (Musical DCM), PONFERRADA

A finales de 2016 se conocía la noticia del cese de actividad de tiendas Tipo, marca puntera en la venta de discos a nivel nacional durante las últimas décadas. Sus franquicias se extendieron por todos los rincones del país y perduraron firmemente hasta que la caída del mercado terminó por arrastrarles al precipicio, como a la mayoría. La crisis económica que vive el país desde 2008 con el descenso del poder adquisitivo de los ciudadanos o el incremento de impuestos como el del IVA cultural, han terminado por apuntillar a un sector incapaz de remontar desde el principio de la década. «No sabemos si se podría haber evitado el cierre de Tipo, pero al fin y al cabo esta es la ley del mercado, un mercado que en este país ha terminado por arrinconar la música», afirma Daniel Cuadrado Machío, responsable de Tipo Ponferrada, que comparte con Santander la responsabilidad de ser una de las dos últimas tiendas de música de España bajo el amparo del logo morado.

De Tipo siempre se recordará el pequeño boletín que puntualmente llegaba cada mes a los buzones de los suscriptores, anuncio y anticipo de novedades, que además permitía conocer las discografías completas de algunos grupos antes de la era Google o descubrir nuevos artistas que terminarían por encontrar un hueco en el panorama musical español, normalmente relacionados con ese estilo que fue comúnmente bautizado como rock nacional o rock estatal.

 

Con treinta años en el sector de la música, Daniel es consciente de la importancia de seguir adelante, si es necesario a través de una tienda digital que se apoye en la tradicional, aunque no sería la primera reinvención del negocio. Conscientes de que la venta de música no era suficiente y que el merchandising sólo supone un porcentaje ínfimo del negocio, ya optaron por abrir una nueva vía bajo la denominación Musical DCM, que abastece equipos de sonido profesional.

Tipo (Musical DCM) Ponferrada, no tiene un perfil determinado de cliente, pero su responsable reconoce que «el público que tradicionalmente consumía las novedades del mercado ya ha desaparecido». Las mayores ventas siguen siendo en CD, pero aquí también se asiste al proceso de recuperación del vinilo: «Lo que el vinilo está generando es que gente que había dejado de comprar música vuelva a hacerlo. La desaparición del vinilo fue un error de la industria, y ahora ha regresado. Tiene un porcentaje de ventas determinado, pero ha vuelto a enganchar a algunos clientes». CD, vinilo… ¿y qué sucede con el cassette? «Es el soporte que falta, y creo que está ahí, porque hay alguna cosa que se está sacando en cassette. Si lo puedes sacar a bajo precio puedes tener un mercado potencial de nostálgicos, ¿quién sabe?».

Son precisamente los bajos precios, o la ausencia de los mismos los que en opinión de Daniel han terminado por crear un hábito social en el que se asume con naturalidad el consumo sin pagar: «Si un disco cuesta un euro pero lo puedes conseguir gratis, un euro resulta caro».

Por el momento y a pesar del cierre de la central de Tipo, la tienda de Ponferrada seguirá adelante a través de otros distribuidores, tratando de mantener el icónico nombre y lamentando una situación en la que no es fácil llegar a un entendimiento entre las partes implicadas, pero que ha provocado un cambio en el paradigma tradicional de ventas. Justo antes de despedirnos, Daniel nos pregunta por las tiendas de música que quedan en la ciudad de León. Respondemos, y él dispara con una frase lapidaria: «Que en León sólo quede Maci 3 como tienda especializada, es triste».

«Si un disco cuesta un euro pero lo puedes conseguir gratis, un euro resulta caro»

Se dice a menudo que vivimos en un presente complejo donde la tecnología avanza mucho más rápido que nuestra capacidad para asimilarla y comprender sus impetuosas consecuencias. Internet, la red de comunicación global, se ha colado de manera permanente en nuestras vidas y ya se ha convertido en un recurso imprescindible cuando todavía nos estamos asomando a sus inmensas posibilidades. No cabe duda que semejante realidad nos obliga a replantearnos nuestra tradicional vida analógica de cara a un futuro que apunta hacia lo intangible.

La música, así como el cine, la literatura y otras manifestaciones artísticas que alimentan el espíritu ya deambulan por formatos digitales distintos a los habituales, aunque las respectivas industrias que condicionan su producción y distribución masiva se muestran incapaces de responder de manera efectiva a la realidad que demanda el mercado, el consumidor. Intercambio de archivos, descargas ilegales, piratería… son términos que ya se han vuelto familiares, que apuntan con el dedo en busca de culpables pero que resultan del todo intrascendentes si lo que se pretende es una solución eficaz para este conflicto de intereses.

A punto de rubricar este artículo, nos damos cuenta de que hemos hecho algo mal: hablamos mucho de música pero no podemos hacer que aquí se escuche. ¿O tal vez sí? Volvamos a Nach, a sus versos rítmicos y contundentes y dejemos que sea él en su tema El Idioma de los Dioses (2011) quien recitándole a la música ponga un punto y aparte a esta reflexión:

«Eres la métrica enigmática que envuelve mi ser y lo salva, el idioma con el que los dioses hablan… eres música».

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