Historia & Arte — 01/09/2017

Las puertas de la imaginación se abren en el taller de «Etcétera Marionetas»

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«—He pensado en fabricar un bonito muñeco de madera; un muñeco maravilloso, que sepa bailar, que sepa esgrima y dar saltos mortales. Pienso recorrer el mundo con ese muñeco, ganándome un pedazo de pan y un vaso de vino; ¿qué le parece?»

Carlo Collodi, Las Aventuras de Pinocho (1883)

El clásico de Disney sobre el niño de madera —y algunas otras versiones que aparecieron más tarde—, son historias de sobra conocidas para la mayoría, pero el texto original fue escrito por el florentino Carlo Collodi a finales del siglo XIX. Comienza cuando el maestro Cereza, carpintero de oficio, encuentra sin querer un pedazo de madera parlante; asustado, decide entregar la pieza al anciano Geppetto, quien había acudido a su taller buscando materiales para tallar un muñeco.

Etcétera Marionetas

En otro taller —este no literario sino real—, rodeado por la naturaleza en una casa de la tranquila localidad de Murias de Rechivaldo, la esencia del cuento de Collodi (Le avventure di Pinocchio, 1883) es tema de reflexión. Ella destaca de Pinocho la carismática presencia del artesano que da forma al muñeco, y ese lazo emocional que une al creador con su obra. «Maese Geppetto», apunta él, quien dice preferir la versión televisiva de 1972 con Gina Lollobrigida en el reparto, mientras reconoce su deseo de fabricar un Pinocho, aunque prefiere esperar a que el tiempo le conceda la suficiente maestría.

Ella y él son Begoña García García (Caravanchel, 1966) y Miguel López de Aguileta San Narciso (Vallecas, 1962), responsables de Etcétera, un taller de marionetas próximo al paso del Camino de Santiago por la Maragatería, donde los personajes de los cuentos, de los bosques profundos y de las tinieblas abandonan la imaginación y se presentan como seres reales de pasta de papel.

Antes de recalar en la casa del abuelo de Murias de Rechivaldo, su historia arrancó en Madrid, donde Miguel se especializó en el trabajo con la pasta de papel y Begoña ayudaba a sus padres en su tienda textil, mientras estudiaba artes y oficios, orfebrería, joyería y esmalte. La vida les trasladó hasta Altea, Mediterráneo levantino, donde a día de hoy siguen acudiendo cada verano para vender sus marionetas. Finalmente llegó el turno de León y de un rincón rural de la provincia idóneo para criar a sus hijos. Entretanto no han dejado de recorrer las ferias nacionales y europeas más importantes a lo largo de más de dos décadas de oficio, aunque la meca mundial de las marionetas, el festival francés de Charleville-Mézières, sigue siendo para ellos un deseo y una asignatura pendiente.

Etcétera Marionetas

Miguel dice de su negocio que «no es una juguetería sino más bien una tienda de arte, ya que las marionetas que nosotros hacemos no son para niños. Trabajamos piezas complejas, delicadas, y hay que tener en cuenta que la manipulación de una marioneta no es nada sencillo. Aunque orientamos nuestro producto al público general, el perfil del comprador es el coleccionista». Etcétera es una permanente apuesta por la producción artesanal, por la manufactura individualizada donde cada obra debe ser única, irrepetible: «No queremos entrar en la producción en serie de los productos, no es lo nuestro. Nunca hemos hecho moldes y de esa idea procede nuestro nombre, de un proceso que continúa y continúa».

Pero quien más lamenta la maldición de ese arte que no se replica es Begoña, quien siente perder las mejores obras o las más queridas: «Las piezas transmiten sentimientos, tienen personalidad y eso lo aprecia también la gente que nos compra. Podría recordar a muchos que se han llevado muñecos de nuestro taller. Algunos se van tan encantados que mantienen el contacto con nosotros, e incluso nos mandan imágenes de la marioneta en su casa. Eso es de agradecer».

En una habitación de la casa descansan inmóviles los duendes y los elfos, mezclados con los magos y algún que otro cíclope. Entre ellos se cuelan vagabundos y piratas, siniestros seres de pesadilla, bailarinas de vivos colores o payasos, mimos y arlequines como representantes del escenario. Formas masculinas, femeninas y otras tantas indefinibles que parecen observar al visitante con esos ojos artificiales y profundos, capaces de reflejar la luz después de absorberla. Aguardan pacientes a que alguien tome las riendas de sus cuerpos y agite sus hilos en ágil movimiento, lo más parecido para ellos al aliento de la vida.

Dicen los expertos que la historia de las marionetas empieza a escribirse en Indonesia, ese lejano extremo de Oriente atravesado por la línea ecuatorial. La tradición recorre el tiempo hasta llegar al pasado más reciente, cuando los cómicos y los titiriteros eran nómadas ambulantes que sobrevivían de pueblo en pueblo agitando la imaginación de los vecinos. Su diversidad resulta casi infinita: «Las de varillas y las de mano son las más habituales. En realidad sirve cualquier manipulación de un objeto con sentido artístico. Luego están las marionetas que se hacen con partes del cuerpo pintadas, con las manos, las rodillas, está el bunraku —teatro de marionetas japonés—, hay muchas», explica Miguel.

Del taller de Etcétera han salido tantas creaciones que sólo pueden ser contadas por miles, y algunas incluso han terminado al otro lado del Atlántico, en la famosa juguetería FAO Schwarz de Nueva York, que «contactó con nosotros a través de la red de las ferias internacionales. Ahora ya está cerrada, pero entre otras cosas es conocida por el rodaje de algunas escenas de la película Big».

Etcétera Marionetas

Begoña también destaca la pasión que ciertas películas despiertan entre la gente y que en algunas ocasiones se traducen en curiosos encargos: «Hubo un chaval que nos pidió un muñeco como el de la película Saw (James Wan, 2004). Son fetiches del cine de terror, como Chucky, Nosferatu o la muñeca Annabelle». El miedo ancestral del ser humano a menudo se entremezcla con el entretenimiento y la narración, hasta formar una extraña química que puede simplificarse con la siguiente fórmula: muñecos + cine = inquietud. «Yo creo que las fobias comienzan en la infancia», opina Miguel, «porque en ese momento resulta muy impresionable que un muñeco pueda cobrar vida. Esa puede ser la perspectiva de un niño, y en el caso de los adultos hay mucha mitología derivada del cine». Begoña habla de un camino de ida y vuelta, «precisamente por eso se han hecho películas, porque a veces un muñeco puede resultar inquietante», y apunta a que una de las claves reside en la mirada.

Mientras hablamos y la conversación avanza a lo largo de una soleada mañana, ella se enfrenta cara a cara con la presencia de un duende púrpura de orejas puntiagudas. Le observa, elige su ropa, sus colores y sus adornos, y poco a poco avanza en su trabajo.

A propósito de la mirada y de su expresión física que viene dada por los ojos, Miguel revela que en su trabajo están presentes desde los primeros momentos del modelado. «Con el paso del tiempo he ido desarrollando mi propio método para aligerar el peso de la pasta de papel, vaciando el interior una vez que la capa exterior está seca. Así voy poco a poco conformando los gestos, los párpados, los ojos». Sobre la humanización de lo inanimado, traemos a colación un artículo publicado en el semanario The New Yorker, donde el titiritero americano Basil Twist reconoce que la clave de una marioneta «es que resulte real e irreal al mismo tiempo», algo que desde Etcétera suscriben como «algo revelador, ya que están en juego las emociones. El ser humano es capaz de captar las emociones que en ese momento cree que transmite el muñeco. Justo en ese instante se puede decir que el muñeco está vivo».

Un rápido vistazo al taller revela que la influencia creativa de Etcétera Marionetas se alimenta en el terreno de la fantasía y en todos esos mundos en los que caben tanto la magia como las aventuras de héroes y villanos. Los elementales o espíritus de la naturaleza están presentes en la esencia del polvo de las hadas y también todo cuanto se puede extraer de las páginas de la literatura, tanto de la Tierra Media de Tolkien como de la realidad superpuesta que Murakami ideó en 1Q84. Ante todo esto, una pregunta sobrevuela el ambiente, y es menester formularla: ¿Cree el artesano en algo de todo eso que le sirve de inspiración? Begoña sonríe sin levantar la vista del ropaje del duende púrpura y Miguel aguarda un instante antes de responder: «La imaginación es poderosa y el hombre necesita cosas en las que creer. Si vas caminando una tarde por el bosque y sin darte cuenta te sorprende la noche, la imaginación se puede disparar haciéndote ver formas en las ramas de los árboles, o incluso sentir que alguien te persigue. Al final se crean historia y mitos que sirven para exponer problemas o soluciones. Yo no sé si todas esas cosas existen o no».

Como la literatura, el cine también es alimento y fuente de inspiración, en buena medida gracias al poder de la cultura audiovisual. Miguel reconoce el trabajo de artistas y maestros que a veces dejan poso, como Francis Bacon, Scott Radke, Jim Henson con su inolvidable Cristal Oscuro (1982) o en menor medida la particular visión de lo real e irreal en la filmografía de Tim Burton. «Hay temas y tradiciones que te atrapan sin esfuerzo, como los demonios o los vampiros, pero en mi caso siempre he sentido una atracción especial hacia la belleza que desprenden las hadas. Reconozco que también me gustan las obras que tienden a lo macabro y que son habituales en muñequería, aunque sabemos que el público de nuestro taller no demanda sólo eso. A muchos clientes no les gusta ese tipo de arte pero también es cierto que nuestras piezas se venden cuando encuentran a la persona adecuada».

La vertiente empresarial es la parte más terrena de un taller artístico que al mismo tiempo es un negocio. Quince años atrás, Etcétera se sumó al salto digital exponiendo sus trabajos en un escaparate sin límites capaz de ser contemplado por los ojos de medio mundo. En opinión de Miguel «la red no ha traído nada negativo para nuestro negocio ni nuestro oficio como artesanos. Debemos ver Internet como la revolución tecnológica de nuestros días, aunque estar ahí requiere una considerable inversión en tiempo y diseño». Begoña puntualiza que la venta on-line «tardó algún tiempo en generar rendimiento. Hemos tenido que aprender a ajustar los precios, por eso cualquier producto comprado a través de la web es más caro que vendido aquí». Normalmente los precios no están establecidos de antemano y pese a las posibles estimaciones, sólo se fijan al terminar el trabajo, porque tanto las horas empleadas como los materiales obligan a variar el coste final.

Etcétera Marionetas

Sin un competidor claro en el sector y con la imagen del coleccionista adulto como principal consumidor, bien podría pensarse que la proximidad del Camino de Santiago habría de ser un acicate en las ventas, pero los peregrinos no resultan buenos clientes potenciales: «Nuestras piezas no son adecuadas para transportarlas en el Camino», añade Begoña, quien recuerda casos en los que algunos de los que han pasado por allí «no han comprado nada pero sí lo han hecho una vez que han vuelto a casa». También hubo otros que prometieron hacerlo pero pasado el tiempo esa compra nunca se concretó. «¿Por qué? Yo creo que es una cuestión propia del Camino. A lo largo del viaje se ven muchas cosas, recibes muchos estímulos visuales. Parte de la emoción queda eclipsada por otras emociones más recientes».

A falta de algunos complementos el duende púrpura en el que ella lleva trabajando toda la mañana ya casi está listo. Entretanto nos ha hablado de las labores de restauración que a veces también se hacen en el taller, de cuánto disfruta paseando por los rastros de antigüedades en busca de todo tipo de materiales para decorar las marionetas o de las ganas que tiene Miguel de plantear nuevos diseños en los que los muñecos ganen movilidad. Él por su parte recuerda algunos premios que han ganado con sus trabajos, lamenta que ahora apenas merezcan la pena por la escasa dotación, y cita algunos encargos más realistas entre los que incluso destacan unas marionetas de los reyes de León.

Así, casi sin darnos cuenta, se ha ido consumiendo el tiempo, entre atisbos de magia, bofetadas de realidad, recuerdos, experiencias y esperanzas. Etcétera Marionetas, el mundo onírico nacido de las manos y la imaginación de Miguel López de Aguileta y Begoña García, sigue haciendo honor a su nombre produciendo una lista incontable de muñequería artesanal destinada a los adultos, piezas capaces de despertar un abanico de emociones contrapuestas y que inevitablemente, agitan al niño interior que llevamos dentro, lo devuelven a la vida como el titiritero a su muñeco, y nos recuerdan durante un instante fugaz, ese alguien ya olvidado que fuimos hace tiempo.

Etcétera Marionetas

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