Entrevistas, Música — 25/09/2017

Rut Marcos: «Las carreras musicales no salen de un programa de televisión»

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Rut Marcos Andrés (León, 1977) era una niña cuando supo que su idilio con la música iba en serio. Ahora es profesora de casi una treintena de alumnos de entre diecisiete y sesenta y un años en la Escuela Municipal de Música de León. Allí nos atiende, entre partituras, CDs, pósters y recortes de prensa que reflejan toda una vida sobre los escenarios. Rut ríe (y mucho) cantando porque la música es su forma de comunicarse, su lengua materna, y también paterna. La leona que lleva dentro ruge y responde a otro nombre Rudy Black—, el que le ha devuelto su libertad como cantante.  

Rut Marcos Leotopía

Con tres años subes por primera vez a un escenario, con diecisiete das tu primer recital y a los diecinueve ya formas parte de una de las orquestas musicales más potentes de León ¿Podemos decir que has crecido a golpe de escenario?

Si. Lo viví desde muy pequeña en mi casa, desde que estaba en la barriga de mi madre. Mi padre —Jesús Marcos Valbuena—, se dedicó a tocar la batería desde jovencito, de manera autodidacta, y mi madre embarazada iba a verle, así que yo ya estaba desde entonces observando el panorama… [ríe]. Es una cosa que forma parte de mi vida de una manera natural, como los niños cuyo padre es médico. El mío era músico, así que, sí, he crecido a golpe de escenario, viéndole actuar y queriendo desde siempre copiarle, hacer lo mismo que él.

Prácticamente todos los miembros de tu familia están o han estado vinculados con la industria de la música.

Mi hermano Chus y yo somos los que nos dedicamos más profesionalmente a esto, pero todos hemos tenido siempre ese contacto con lo musical. Chus se dedica a representar a artistas, es el mánager de Café Quijano, de Dani Martínez… y también tiene su grupo, Be For You, donde toca la batería como mi padre.  Mis otros hermanos lo tienen un poco más como hobby, pero también están vinculados. Hasta mi madre, que siempre tuvo inquietud pero no oportunidad, se apuntó a la Escuela cuando comencé a trabajar aquí y ha montado junto con otros cinco alumnos un grupo, Los Chicos de Oro… ¡Somos la familia del show!

De hecho hubo un momento en el que llegamos a trabajar todos más o menos juntos. Mi padre, además de tocar, tiene una oficina de mánager, de representación de orquestas y San Francisco era el producto oficial, la exclusiva de la oficina. Durante un tiempo mi padre y mi madre estaban en la oficina, mis hermanos iban al montaje y mi hermana y yo cantábamos.

El hecho de que hubiera esta tradición musical en tu familia ¿te lo puso más fácil o más difícil a la hora de decidir dedicarte a ello profesionalmente?

Bueno, buf… mi padre no quería. Él quería que nos formáramos musicalmente y desde muy pequeños nos llevó a todos al conservatorio, pero no con el objetivo de que nos dedicáramos a esto, sino para que tuviéramos la cultura musical a la que él no había podido acceder en su momento.

Yo cantaba desde pequeña, pero cuando llegué a la adolescencia me dio esa vena de la vergüenza, de los complejos, y no quería que nadie me viera. En mi casa nadie sabía que yo cantaba, lo hacía en el colegio, o cuando me quedaba sola en casa. Cuando mi padre se enteró se llevó una sorpresa…

¿Cómo fue ese momento: planeado, por sorpresa…?

Yo tenía unos diecisiete años. Me enteré de que uno de los grupos que mi padre llevaba se había quedado sin cantante y en connivencia con mi madre (ella ya se olía algo) me presenté a la prueba. Me llevaba las canciones preparadas al milímetro. Cuando mi padre me vio se quedó sorprendidísimo. Él no se esperaba que yo fuera a responder así de bien. Lo que me propuso entonces fue seguir formándome y entrar en un año en la orquesta San Francisco. Siempre me decía «tú tienes que ser la mejor». Quería que fuera una profesional, no que sólo fuera a ganarme un dinero fácil, como casi toda la gente que está metida en este sector. Por eso me ha exigido siempre muchísimo, y yo se lo tengo que agradecer. Es verdad que también sufrí mucho, porque tardó en darse cuenta de que a veces también necesitaba que me dijera lo que hacía bien, pero con el tiempo lo aprendió. Cuando vio que mi carrera iba en serio, que saqué mi carrera de canto lírico… me empezó a respetar mucho más.

Cantar en una orquesta es hacer una mili. A mí me permitió coger tablas, adquirir experiencia, curtirme y hacerme dura en esta profesión

¿Y cómo de importante fue para ti ese paso? ¿Formar parte de una orquesta es un paso previo fundamental para la formación de cualquier profesional de la música?

No, necesario no. Sí que es verdad que, si tienes esa oportunidad como yo, es una mili. A mí me permitió coger tablas, adquirir experiencia, curtirme y hacerme dura en esta profesión. Pero no creo que sea absolutamente necesario, de hecho yo tengo muchos alumnos en la Escuela que se dedican a la música y no han estado en orquestas y son verdaderos profesionales. Es una cosa circunstancial.

Como cantante de orquesta has interpretado canciones de artistas desde Janis Joplin a Marcela Morelo. ¿Alguna vez escuchamos en esa época algo de Rut Marcos?

No, durante mi estancia en la orquesta no. Siempre hice covers y versiones, nunca temas propios. Precisamente dejé la orquesta porque tenía en mente un proyecto personal, quería hacer mis propios temas.

¿Es el problema de las orquestas? ¿No te permite desarrollarte a nivel individual?

Claro. Tú en una orquesta vas a animar la fiesta de un pueblo, de una ciudad, de una fiesta privada… Y la gente espera música festiva para divertirse. Nosotros con la orquesta teníamos también una parte más de exhibición, de temas con más calidad y dificultad musicalmente hablando, pero no lo valoraban. Es más, les molestaba, se quejaban.

Es una cosa muy curiosa porque desde que entré en la orquesta con diecinueve años hasta que me fui con treinta y cinco he notado un gran cambio en el público en este sentido.

¿Para bien o para mal?

En este sentido, para mal. Al principio apreciaban algo más esa parte de exhibición. En lugar de evolucionar hacia un público con mayor cultura musical, en España hemos retrocedido.

¿La culpa fue del reguetón?

Me llama mucho la atención que el reguetón esté en boga otra vez. Es una música que va sobre dos acordes básicos, con tres notas de melodía y unas letras que… En España la cultura musical se asocia a la fiesta. Mucha gente asocia la música con la canción del verano, las fiestas del pueblo, las discotecas… Hay mucha falta de cultura musical. Vas a otros países y la música que se escucha es distinta hasta en el supermercado. Este verano estuve en Irlanda y en el súper escuchabas Air, Wind and Fire, no me lo podía creer…

Ahora en serio. ¿A qué crees que se puede deber este retroceso?

No sé debido a qué, supongo que a que no se apuesta por la cultura, a que no se da importancia a todo lo que tiene que ver con las artes. La gente no es consciente de que lo artístico, lo cultural, es lo que nos ayuda a desarrollar determinadas facetas que no nos aportan los números o los conocimientos en banca, por ejemplo. El tener una disciplina, desarrollar la empatía, la creatividad… nuestra parte más humana y artística, vaya.

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Tú precisamente combinaste esta etapa con una sólida formación teórica. Eres especialista en Educación Musical, también te instruiste en Canto Moderno, en Teatro musical… ¿Te cuesta definirte?

Mientras cantaba en la orquesta me saqué la titulación de cantante lírica, que es una cosa muy atípica. No tenía ningún compañero en el Conservatorio que hiciera lo que yo. Muchos días venía de tocar en Burgos o en Toledo y tenía que irme a clase… la gente no entendía cómo lo hacía. Ahí aprendí a valorar la música clásica, porque hasta entonces no conocía óperas, ni zarzuelas, ni canción italiana. Además hice cursos de todo lo que tiene que ver con el ámbito del canto, de todo lo que necesita un cantante: expresión corporal, danza, interpretación, teatro musical…

¿Me ha costado definirme? No, siempre he tenido claro lo que más me gustaba: el rock setentero y la música negra. Lo que pasa es que siempre me sentí un poco atada porque me repetían constantemente aquello del «eso no vende», «tienes que hacer algo comercial». Así que estaba como enfadada con el mundo. Pero al final, lo conseguí.

Al final llegó Mi Libertad (2016), pero tu primer trabajo discográfico fue un Homenaje a la Lírica Española (2011).

Realmente el primer disco fue el que grabé con DeVerssions, un grupo de rock de los setenta que formamos entre varios músicos y profesores de la Escuela en el que incluimos versiones de música de Led Zeppelin, The Who, Janis Joplin…

Después hice el Homenaje a la Lírica Española (2011), porque me daba un poco de pena no tener nada grabado en condiciones después de haber hecho la carrera, así que se lo propuse a mi pianista [Raquel Sutil] y lo sacamos. Pero no deja de ser música interpretada, no compuesta por ti. Sí compuse algunos temas con Dj Kone Marc Palacios (I love this club e It´s alright), pero de música dance.

Y luego llega ya llegó lo que tenía que llegar, mi alter ego… Mi Libertad.

«Soy la dueña al fin y este es mi destino», cantas en Mi Libertad. ¿Te ha llevado veinte años conseguir coger las riendas?

Sí, la verdad es que he tardado más de la cuenta. Tanto como veinte años no, pero quince o dieciséis sí… [ríe]. Surgió cuando tenía que surgir, cuando las circunstancias se dieron y encontré a las personas adecuadas con las que trabajar. Siempre he sido muy cabezota, pero me ha costado mucho coger al toro por los cuernos y decir «esto es así y al que le guste bien y al que no carretera». Desde que tomé esa decisión, mi vida y mi manera de ver las cosas han cambiado bastante. Antes no era del todo feliz, porque había algo dentro de mí que no dejaba salir. Musicalmente hablando, no me podía expresar como yo quería y eso afectaba a mi vida, a mi relación con los demás y conmigo misma… en todo.

Así que este disco ha sido, en parte, un bálsamo para ti, una terapia…

Totalmente. No sé si haré un segundo disco o no, pero por lo menos ya he hecho algo de lo que sentirme orgullosa, algo que realmente necesitaba mucho hacer.

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¿Evocas, en parte, la misma libertad a la que hacía referencia Miguel Bosé en 1977?

Sí, porque todo lo que te impida ser tú mismo te está coartando la libertad. Y la verdad es que en esta sociedad, hay muchas cosas que lo hacen. Cada uno debería poder decir o pensar como quiera siempre y cuando respete a los demás. Yo en esta canción reivindico todo eso, canto a eso, al hecho de que cada uno tiene que poder hacer lo que le hace feliz.

Y lo haces a golpe de rock, soul y pop, de sprock

 

En Mi Libertad fusiono el rock tradicional (con canciones como Aquí estoy o La Muñeca) con otros temas que tienen más pinceladas de soul (Déjate llevar o Quiéreme otra vez) con otros temas más de pop. Incluso dentro de los clásicos de rock me atreví a meter ciertos toques de lírico, tipo Evanescence.

Entre Aurora Beltrán, Ainhoa Arteta o Anastasia, ¿te sigues quedando con esta última?

Me identifico más con Anastasia que con las otras dos, sí. En el mundo de la lírica soy admiradora (y también fui alumna) de Teresa Berganza, la mezzo internacional más potente de España. Junto con Renée Fleming son las dos cantantes que más me han influenciado en este género. Además Fleming, aunque se dedica a la música clásica, también sacó un disco de pop.

De estilo más rockero me gustan mucho Anouk o Skanska Nancy, personas que no tienen necesariamente una voz rota para cantar música potente, con tanta garra. Simplemente tienen una voz grande que les permite hacer esas cosas.

Está evolución personal también se ve reflejada con el cambio de nombre. Has explicado el origen de Rudy Black en otras ocasiones [de camino a un concierto con Los Solomones se refirieron a ti de esa manera y te gustó] pero ¿cuándo nace el personaje, su estética y su dinámica?

Nace a raíz de dejar la orquesta. Musicalmente ya no me aportaba mucho, estaba cansada y necesitaba avanzar. Quería separar la parte de la Rut Marcos que conoce todo el mundo (profesora de canto, cantante de muchos estilos, incluso de lírica) de esta otra Rut roquera y explosiva. Rudy Black es mi propia marca, la que deja al descubierto esa parte de leona que llevo dentro.

La gente no es consciente de que lo artístico, lo cultural, es lo que nos ayuda a desarrollar determinadas facetas que no nos aportan los números o los conocimientos en banca, por ejemplo

¿Qué opina Rudy Black de las redes sociales?

Que son un arma de doble filo. La verdad es que últimamente estoy un poco quemada con esto de que las discográficas, las distribuidoras, te exijan tener tropecientos mil seguidores. Yo subo cosas de vez en cuando, sobre todo relacionadas con la parte promocional, pero esto de pasarte el día publicando cosas… no tengo tiempo. Tampoco me gusta el postureo que veo muchas veces en las redes sociales. Tener un millón de seguidores ¿qué quiere decir? ¿Qué ese millón de seguidores van a ir a todos tus conciertos? No, ese millón de seguidores te sigue a ti y a otros mil más. Lo real, la realidad, es esa gente que me sigue a todos los conciertos, que me conoce desde antes de que yo sacara el disco, desde que empecé a cantar y que siempre han estado ahí conmigo.

El fan de carne y hueso…

Eso es. El fan de verdad, el que te escribe y el que tiene detalles contigo. Utilizo las redes sociales (sobre todo Facebook) porque no hay más remedio, porque hoy en día es necesario, pero no porque me apasionen especialmente.

Precisamente ese tipo de fan es de lo poco que se mantiene de la industria musical tradicional ¿Qué opinas de los últimos datos de Promusicae?

Hay una parte de las viejas glorias que siguen manejando el cotarro y se piensan que la cosa sigue igual y… ni mucho menos. La gente no escucha la radio, por ejemplo. Yo escucho Rock FM en el coche, y lo escucho de casualidad, porque normalmente llevo mi selección de música, mis discos, como la mayoría de la gente. Las formas de consumir la música no tienen nada que ver. Cada uno va con su móvil escuchando lo que quiere. Los discos en físico casi se venden en exclusiva en los conciertos.

Tú optaste por combinar estrategias. Te has autoproducido Mi Libertad, que está presente en todos los canales de distribución digital, pero apuestas, sobre todo por el directo, el concierto con banda en vivo. ¿Qué hay más tradicional que esto?

Las plataformas de distribución online son el canal más rápido y fácil hoy por hoy. Internet y las redes son herramientas que te permiten llegar y hacerte oír entre mucha más gente, pero también son canales muy masificados. Tienes que lograr pasar ciertos filtros que, como decía antes, parece mentira pero siguen controlando los de siempre. Así que tienes una nueva ventana abierta donde hacerte oír, pero también tiene sus dificultades.

Y la música en vivo… sin eso ¿qué sentido tiene? A mí lo que me gusta es estar ahí con los músicos, disfrutar… Me he pasado quince años haciendo giras en vivo, y donde esté una buena guitarra, un bajo, una batería, unos teclados y unos coros… que se quite todo.

¿Grabaste el disco pensando en cómo ibas a llevar cada uno de los temas al escenario?

Qué va, ni mucho menos. Lo importante en mi caso fue dar con Pablo Domínguez. Yo necesitaba un productor porque no soy ni músico ni arreglista. Al principio también pensé en encargar las letras a un letrista profesional, pero tanteé un poco y al final me gustaban más mis propias composiciones. Sabía más o menos cómo quería que sonaran las canciones y entre mi productor y yo fuimos forjando los temas, pero no de una manera condicionada para llevarlo luego al vivo.

Supongo que el hecho de ser solista sí es un condicionante.

Claro. Muchas veces no te queda más remedio que hacer acústicos o playback de música grabada. Como solista compones tu música, un productor te hace los arreglos y en los directos tienes que contratar a una banda de músicos para poder hacerlo todo en vivo. Muchas veces no hay presupuesto para eso, o por cuestiones técnicas (en función de dónde sea el directo) no se puede, así que opto por ir con la música grabada y cantar en vivo.

Lo que no comparto para nada es hacer en playback toda la actuación, eso es un fraude. Pero hay mucha gente que no se atreve a cantar en público, que tiene un miedo terrible ¿Por qué?, porque no son profesionales del canto.

Llevas doce años como profesora en la Escuela Municipal de Música de León ¿Qué les cuentas a tus alumnos en este sentido?

Mis alumnos son como mis hijos, como mi familia, como mis hermanos, y a veces como mis padres, porque tengo gente de todas las edades. Forman parte de mi vida, así que hablo con ellos con toda la naturalidad. Intento decirles lo que hay, la realidad. Cuando me preguntan les doy mi opinión e intento aconsejarles lo mejor posible. Yo lo vivo desde dentro… no les voy a engañar.

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¿Les recomiendas que se presenten a concursos? Tu carrera está muy vinculada a este formato. En 2006 ganas Rumbo a la Fama, pero también te has presentado a varias ediciones de Operación Triunfo, concursos promocionados por Los 40 Principales…

Hay alguno que sí se quiere presentar al casting de La Voz y le intento aconsejar y abrir los ojos, para que tengan claro lo que supone y lo que no. Intento que no se llamen a engaño. Las carreras musicales no salen de un programa de televisión. Te dan visibilidad, te permiten que la gente te conozca, pero de manera efímera. Cada año, sólo en La Voz, se presentan 100 concursantes. Vamos a empezar la 5º edición. ¿De cuántos de ellos se acuerda la gente?

Antes hablábamos sobre el bajo nivel de cultura musical del público y tal vez también sea una de las mayores críticas a este tipo de formatos televisivos. No se entiende que alguien que se quiera dedicar a la música no esté al tanto de la discografía de Sabina o no sepa quién es Janis Joplin.

No es la tónica general. Yo me he sorprendido mucho de los gustos de la gente. A cada concursante le pedimos una lista amplia de canciones que le gustaría interpretar y te sorprenden los gustos de la gente. No escogen cosas cutres, tienen la cultura musical de la que hablamos, tienen gusto musical. Eligen temas de Sabina, de Joplin, de Tina Turner… Y no es que se las den de lo que no son. Es lo que escuchan en sus playlist, lo que consumen normalmente. Por eso lo que no entiendo es por qué si a la gente le gusta ese tipo de música, en la radio luego ponen lo que ponen.

Como vocal coach en Factor X y desde 2012 en La Voz te he escuchado decir, precisamente, que cuentas con muy poco tiempo para preparar a los chicos…

Hay menos tiempo, eso es verdad. Por eso hay una premisa en los castings que es que la gente que entra tiene que tener un mínimo de base. En Factor X tenía una semana entera de clases para estar con ellos, pero en La Voz no. En la fase batallas, por ejemplo, es ensayo un día o dos y grabación al siguiente. Por eso en el casting se les hacen pruebas a piano para comprobar si es gente que se puede desenvolver en un escenario en un tiempo rápido.

¿Cómo accediste al plantel del profesorado de este tipo de formatos?

Un poco de carambola, la verdad. Me presenté a Misión Eurovisión 2006 y allí conocí a algunas personas que formaban parte de la productora musical de Factor X. Cuando comenzaron, me invitaron a presentarme a los castings que estaban haciendo para profesores y me quedé. En La Voz entré de la mano de DeTena Producciones. Yo ya había trabajado con Rafa Tena y con Yaser González (cubano pero afincado en León desde hace muchos años) haciendo cuñas publicitarias y coros… y hasta me encomendaron poner voz a la cabecera del programa [«Esta es la voz»].

¿En qué consiste la técnica Speech level singin y cuáles son sus ventajas frente a otros métodos?

Es una técnica que he aprendido, aunque no soy experta en ello. Básicamente se trata de utilizar tu laringe con la máxima relajación, de obtener el máximo rendimiento vocal con el mínimo esfuerzo. Se busca que la voz sea muy natural, que se proyecte sin hacer ningún tipo de esfuerzo o de tensión. Los ejercicios son más atípicos, porque te enseñan a cantar pequeño, a aprender a cantar suave. Todo depende de la voz que tenga la persona. Si tiene una voz grande, tienes que intentar que la controle; y si tiene una voz pequeña tienes que intentar que esa voz tenga el mayor rendimiento, que se proyecte lo más posible.

Normalmente se tiende a buscar que las voces lleguen muy alto y muy fuerte, y eso está bien, se consigue con el tiempo, pero no es el objetivo fundamental, por lo menos desde mi punto de vista. Creo que lo importante es que la voz esté tranquila, afinada, dentro del ritmo y que pueda expresar.

Plácido Domingo dice que a la voz le afecta hasta una mala noticia, que es lo malo de llevar el instrumento contigo.

La voz humana está dentro del cuerpo y efectivamente está expuesta a todo. Si tienes salud, la voz está sana, si estás deprimido la voz se resiente… Tu voz va a depender de cómo tú te sientas. Y también envejece, como todo. No sólo se arruga la cara, las cuerdas vocales también envejecen, pierden elasticidad con el tiempo.

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Hablemos de Eurovisión. Te presentaste a Misión Eurovisión en 2006 y, al final del proceso, declaraste que estaba claro desde el principio quién ganaría. 

Estaba claro. D´Nash eran cuatro chiquitos, muy buenos cantantes, con discos en el mercado y un club de fans. La gente anónima que nos presentamos no podíamos competir contra eso. De todas formas mi objetivo no era ese. Me apetecía vivir la experiencia, ir a un programa de TVE, que me conociera la audiencia… La verdad es que pasé muchos nervios, no canté peor en mi vida, y eso que llevé una canción de Anastasia (Left Outside Alone) que había interpretado mil veces. Son dos minutos que pasan volando, apenas te enteras de nada. Pero me gustó vivir esa experiencia.

Te has quedado con la parte positiva, no eres de las que reniega del formato…

Por supuesto que no. Hay que sacarle a todo el lado positivo.

Supongo que has estado al tanto de la polémica de esta última selección de candidato, Manel Navarro ¿Rut Marcos es una eurofan ofendida, una espectadora resignada o una persona completamente ajena al festival?

Este año no pude ver el programa, pero sí conozco (como cantantes) a tres de las personas que concursaron. Con Mirela coincidí en Misión Eurovisión y también estuvo en La Voz, igual que Paula Rojo y Maika. Son tres personas que conozco bien lo que dan de sí, tienen cada una un nivel dentro de su estilo.

Lo que me llama mucho la atención es que la gente vote a Mirela y vaya otra persona, no me parece normal. Tengo un respeto total por Manel Navarro (al que no conozco), pero es un poco cantoso. Si la gente vota a Mirela que vaya Mirela ¿Para qué el público es soberano? ¿Para que paguen la entrada de un concierto? ¿Solamente? Es que además es un fraude, porque ¿para qué se ha dejado la gente el dinero votando si luego el candidato lo elige el jurado?

Creo que no vamos a ganar nunca Eurovisión, porque además España tampoco se puede permitir costear todo lo que implicaría celebrar aquí el festival. Ese dinero estaría mejor invertido en conciertos de músicos de España, por ejemplo

¿Es necesario que sigamos presentándonos a Eurovisión?

No lo sé. Depende de cómo se mire. Creo que no vamos a ganar nunca, porque además España tampoco se puede permitir costear todo lo que implicaría celebrar aquí el festival. Ese dinero estaría mejor invertido en conciertos de músicos de España, por ejemplo.

Me parece bien que sigamos presentándonos desde el punto de vista de que implica dar visibilidad a un artista cada año. Pero han de dar las mismas oportunidades a todos, no manipular como este año. Si un jurado experto decide que vaya un artista reconocido como Pastora Soler, perfecto. Pero si lo que se pretende es dar visibilidad a un artista nuevo, que sea de los que han llegado en la selección, al que el público le guste más. Que queden claras las reglas del juego.

El negocio está en los derechos de autor que generan las canciones eurovisivas…

Claro, es un negocio. El problema con los derechos de autor es que no hay transparencia. Es verdad, por ejemplo, que desde hace un par de años en la SGAE se han mostrado un poco más transparentes y nos mandan cada poco mails de cómo van las cuentas. Pero también estoy registrada como intérprete en la AIE (Entidad de Gestión de los Artistas Intérpretes o Ejecutantes de la Música) y tengo que estar detrás de ellos para cobrar mis derechos por la cabecera de La Voz, por ejemplo. Si yo no reclamo ¿quién se lo lleva? Tendría que ser más fácil para un artista, un cantante o un músico, poder reclamar esos derechos y llevar su contabilidad.

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Los escritores y cineastas leoneses con los que hemos hablado reconocen no poder vivir exclusivamente de esa faceta. ¿De la música se puede vivir?

Si te dedicas a dar clase como yo sí. Yo vivo de la música, pero dentro de la docencia. Pero hay otras maneras. Mi chico, Carlos, por ejemplo, es un gran bajista y siempre se ha ganado la vida con la música en orquestas y en grupos. En ese sentido sí, pero claro, es efímero, y más aún para las cantantes chicas. Los músicos hombres, si se cuidan y conservan, todavía pueden llegar a los 60.

¿Existen diferencias salariales entre hombres y mujeres en este sector? ¿Te has encontrado a lo largo de tu vida profesional con esta realidad?

No, en mi experiencia no. En la Escuela cobro lo mismo que cualquiera que esté en mi misma categoría, ni más ni menos. En la música no hay distinción entre mujeres y hombres, pero sí la hay entre músicos y cantantes. Si hay un buen cantante que te enganche al público tiene más caché, con independencia de si es hombre o mujer.

¿Qué otro cantante merecería ganar un Nobel de Literatura?

Creo que el Premio Nobel de Literatura se lo tienen que dar a un escritor, que los hay buenísimos. Supongo que muchos escritores y escritoras que se habrán sentido un poco ofendidos en este sentido. Bob Dylan escribirá unas letras maravillosas, pero no sé… Es como si hago un videoclip y me dan el premio al mejor cortometraje.

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